Hay que manejar las comparaciones con cierta objetividad
Por Manuel de los Santos
En nuestro país existen una serie de personajes que hacen opinión pública, que pretenden constituirse en los paradigmas de la conducta y moralidad ciudadana. Esta intención no es mala per se, es más, se puede decir que tiene cierto dejo de nobleza y buena fe.
Lo que uno no se puede entender es como llegan a creerse personas infalible, perfectas, incuestionables, y a veces incluso, llegan actuar de manera arrogante y burlona, cuando la biblia señala que todos estamos descalificados para actuar con ecuanimidad y justicia, pues somos seres caidos y todas nuestras acciones están maleadas.
Otro error en que incurren frecuentemente, es en hacer absurdas comparaciones con realidades completamente diferentes a las nuestras, desconociendo o pasando por alto -muchas veces adrede- una serie de variables que hacen inadmisible la comparación.
La conducta de las personas tiene muchos factores condicionantes alguno de los cuales están relacionados con las situaciones materiales de existencia en la que se desenvuelven. No es posible comparar la realidad de un país europeo -país de primer mundo- con la de uno en vía de desarrollo, cuyos habitantes no tienen garantizado siquiera, la satisfacción de las necesidades biológicas elementales. Basta decir que, donde se tienen este tipo de carencias, lo demás sobra.
A lo sumo a que podemos aspirar es a estar del lado de los que exhiben las mejores conductas de ese medio, sin buscar parámetros conductuales de otros lares, pero además, sin tratar de crucificar a los que no están en ese grupo selecto, sino más bièn, tratando de inducir a estos últimos a que asuman esa nueva forma de comportamiento.