¡No existe la eternidad, tampoco para los reyes!
Ni toda la gloria, ni toda la fama pueden devolver lo que se ha desperdiciado: “La vida”
Hay que aprender a valorar, respetar y cuidar la vida. Vivir como si no hubiera consecuencias malgastando todas las oportunidades que se presentan pensando que siempre habrá otra ocasión, sentir que somos invencibles, que la vida está bajo el control de uno, vivir en función de satisfacciones personales e irse a los extremos no es precisamente una manera sana y madura de vivir.
Además de perder la perspectiva se crea una inestabilidad emocional y personal tan grande que se hace cada vez más difícil poder encontrar un punto de equilibrio y balance. Como consecuencia, se obtiene una existencia hueca, llena de vanas emociones, búsquedas equivocadas y se pierde el sentido de la vida.
Así terminó trágicamente la vida de uno de los hombres más influyentes de la música pop de nuestros tiempos. Las adicciones, la oscilación emocional, el trabajo desequilibrado, así como los múltiples problemas personales contribuyeron a que otra de las figuras de nuestros tiempos perdiera su vida; acabando súbitamente lo que hubiera podido ser una vida plena llena de frutos y satisfacciones que hubiera podido disfrutar y compartir.
No es fácil vivir bajo los ojos de una sociedad con lentes que magnifican cada evento que sucede, donde siempre se busca la última noticia, el evento más novedoso y escandaloso.
El público se convierte en un predador insaciable que invade continuamente la privacidad, critica severamente y hace comentarios inoportunos con falta de criterio y sensibilidad. En estas circunstancias uno debe luchar por sobrevivir y encontrar un lugar silencioso y privado en un mundo lleno de ruido.